domingo, 8 de mayo de 2011

Estado de la cuestión

Problema: ¿Cómo comunicar cuando no hay comunicación?

Hipótesis: En el intercambio comunicacional con una persona autista es imposible establecer un diálogo fluido (ida y vuelta). Este no llega a comprender o naturalizar un sistema de comunicación por una cuestión, en principio,  de índole neurobiológica. Entonces, la estrategia de comunicación con el autista es personalizada y se crea con el trabajo  cotidiano, dándole lugar a que este marque cual es el modelo de comunicación más apropiado.
Escuchar y observar al autista es la base para el intercambio productivo con el familiar, el docente o un otro. 

Estado de la Cuestión

En el presente trabajo hemos seleccionado las siguientes citas de distintos autores que trabajan sobre la idea de autismo y comunicación.

“El Trastorno del Espectro Autista (TEA) hace referencia a un trastorno neuropsicológico con graves y heterogéneas manifestaciones que abarcan tres principales áreas de desarrollo, a saber: alteraciones sociales y afectivas, alteraciones en la conducta lingüística y comunicativa, y la presencia de patrones de comportamiento mentales, intereses o actividades restringidas y estereotipadas”. (Santiago López, “La conducta socio afectiva en el trastorno autista: descripción e intervención psicoeducativa”, 2008)

Esta cita nos presenta las dificultades que tiene un niño autista en la comunicación cotidiana, y las siguientes dan ejemplos de la importancia de los gestos y la mirada para comunicarse con ellos.

Una reciente investigación estableció que se encontraron tres patrones de comportamiento que discriminan mejor a los sujetos con Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD).“Hay una comprobación empírica que explica que las personas con autismo o TGD presentan las alteraciones características de la llamada “triada de Wing”: alteraciones en la comprensión, la comunicación y la imaginación sociales”. (Mercedes Belichon y José Sixto Olivar,Trastornos del espectro autista en personas con (relativo) alto nivel de funcionamiento: Diferenciación funcional mediante análisis multivariado”,  2003)

“La constatación aún cuando se retira un gesto se mantiene un nivel optimo de ejecución válida para los procedimientos  de utilización de comunicación simultanea al menos como soporte básico, fundamental y complementario para establecer el mayor nivel de comprensión del niño autista. Desde este punto de vista, un gesto puede ayudar significativamente a una ejecución de tareas propuestas”. (Juan Martos, “Comunicación Simultanea: Un modelo para enfrentar los déficit lingüísticos del niño autista”, 1985)

No hay una única metodología para emplear a la hora de enseñarle a un autista un sistema de comunicación que les permita sociabilizarse. Luis Antonio Pérez González, junto a su equipo de trabajo, explican cómo le enseñaron a autistas a realizar tres preguntas (‘¿Qué es esto?’, para obtener el nombre del objeto; ‘¿Puedo verlo?’, para mirarlo; y ‘¿Me lo das?’, para obtenerlo) que aprendieron a realizarlas como conductas diferentes, independientes y no como una cadena de conducta. “Enseñaron primero a otros niños a realizar las tres preguntas. Después de que los niños hacían las preguntas con fluidez, realizaron dos manipulaciones. En la primera manipulación los investigadores dijeron ‘no’ a los niños cuando preguntaban ‘¿puedo verlo?’. En la segunda manipulación les presentaron algunas objetos desagradables dentro de las cajas. Tras la primera manipulación observaron que los niños continuaron realizando la primera y la tercera pregunta, a pesar de dejar de realizar la segunda. Tras la segunda manipulación observaron que los niños dejaron de hacer la segunda y la tercera pregunta, a pesar de dejar de realizar la segunda, pero continuaron haciendo la primera ante cada presentación de una caja. Estos resultaron indican que los niños aprendieron a hacer las tres preguntas como tres conductas independientes que ocurren cada una ante su propia situación. No aprendieron a hacer las tres preguntas como tres respuestas de una única clase, ni como una cadena de conducta” (Luis Antonio Pérez González, “Como enseñar a los niños con autismo hacer preguntas funcionalmente: una replica sistemática”, 2005).

Esta cita es muy importante porque da cuenta de que los niños autistas pueden llegar a comunicarse, es posible que haya una propuesta y las estrategias pueden ser una opción ideal para entablar comunicación con ellos.

“Nuestro cerebro y el ADN van replicando enigmáticamente redes neuronales arcaicas en cada recién nacido. En nuestra vida cotidiana respondemos con conductas que dependen de nuestro cerebro arcaico. Este nos permite reaccionar automáticamente, en situaciones de riesgo, furia y desequilibrio (…) Los niños con capacidades especiales espontáneamente practican el mecerse de distintas maneras. Esto provoca un importante bienestar y aumenta su equilibrio psíquico-físico”. (Rubén Seijas, “El placer de hamacarse y el cerebro arcaico”, 2005) El placer de hamacarse es un técnica psicomotriz que le enseña a los niños a expresarse a través del cuerpo. El mecerse hace que los niños puedan reconocer su propio cuerpo y tomen dimensión del espacio.

“Es necesario conocer  las características de la persona autista, no solo para proyectar y determinar su tratamiento, sino además para no sentirnos extrañados ante las posiciones que pueden tener las diversas circunstancias de la vida.

El reto que tenemos en frente es el de determinar qué sistema de comunicación es el mejor para cada uno de nuestros niños y cuan efectivo resulta su implementación. Reconozcamos que cada persona con autismo es única y difiere de todas las demás personas. Con dicho entendimiento esperamos que un individuo más productivo y comunicativo emerja”. (Gabriela Prepilitchi, “Alternativas para la comunicación en el autista”, 1995)

“La alteridad es un proceso básico para el desarrollo de cada uno. Cada ser humano es un individuo con interioridad, pero también un ser social que convive en un espacio determinado donde la formación personal supone alimentar distintas dimensiones humanas”. (Freddy González, “La alteridad en la atención especial del autismo”, 2005)

Esta cita explica que el autista también tiene la posibilidad de ser socializado, si bien es lo más difícil para él, cuenta con una dimensión de interioridad y otra social en su ser.

“Hablar puede que no sea el sistema preferido para la comunicación de un niño con autismo, aún así, en aquellos casos más profundos o con un compromiso verbal más agudizado, aprenden a comunicarse con la utilización de medios alternativos tales como el lenguaje de manos, utilización de fotografías y/o intercambios pictográficos, tablas de comunicación y ordenadores”. (Francisco José Rodríguez Muñoz, “Comunicación autismo y síndrome de asperger”, 2007)

“Niños con autismo presentan la tendencia a mirar a diferentes partes de la cara (pero no a los ojos) de las personas cuando los comparamos con niños no autistas. Los profesionales que trabajan con los niños con autismo deben considerar esta información, pues los niños con autismo prestan poca atención a las personas y a las situaciones sociales (…) La función del apoyo es posibilitar al alumno que se comunique, pueda recibir y transmitir mensajes”. (Patricia Menezes Baptista, “Educación y autismo: la importancia del estimulo visual”, 2005)

Las dos últimas citas mencionadas nos muestran alternativas de comunicación para los niños autistas. No todo pasa por la comunicación verbal, podemos utilizar juegos didácticos para establecer comunicación, sin dejar de lado la importancia de la mirada, el hecho de que un niño autista puede mirar a los ojos de otra persona significa que hay comunicación.

“Las relaciones comunicativas normal y anormal de una persona se diferencian por su capacidad o incapacidad, respectivamente de poder meta comunicar”. (Miguel Roiz; “La familia desde la teoría de comunicación de Palo Alto”, 1989) 

Los autores mencionados dan una visión positiva a la posibilidad de comunicación con el autista. De hecho creemos que el niño siempre está comunicando a través de un gesto, o solo con su mirada, lo difícil es que el niño pueda socializar con el entorno, pero no imposible.

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